Antiespecismo: Diagnóstico del movimiento

¿Cuántas veces hemos oído a nuestros compañerxs de lucha celebrar el fin de los circos con animales en una ciudad? ¿Cuántas veces que el uso de pieles decrezca en términos globales? ¿Qué me decís de cuando alguien decide reducir su consumo de carne? La mayoría tendemos a celebrarlo todo como un pequeño paso hacia la victoria final, el triunfo del progreso moral sobre un mundo antropocéntrico y especista.

Así pues, en un mundo donde los animales son masacrados diariamente para satisfacer los intereses más triviales de los miembros de nuestra especie, tendemos a celebrar cada pequeño pasito que el mundo parece dar hacia el progreso moral, hacia el rechazo del especismo. Parece como si cualquier acto en favor de la difusión de los valores antiespecistas fuese valioso en sí mismo, por lo que nos inclinamos a pensar que cada granito de arena, poco a poco, va cambiando el panorama hacia un escenario donde los seres humanos cada vez están más concienciados sobre la situación de los animales no humanos.

La guerra es larga y cada batalla ganada cuenta, dicen. Aunque bien es cierto que el optimismo y la positividad son dos emociones maravillosas y necesarias que nos ayudan a mantener viva la llama de la esperanza, no es menos cierto que para saber si nos acercamos a un idílico escenario donde los intereses de los animales no humanos no sean discriminados debemos tratar de ver si al lugar a donde nos encaminamos es verdaderamente un mundo con aspecto antiespecista.

Pues bien, tengo malas noticias para todxs. El número de animales que son explotados, asesinados y torturados para obtener productos que satisfagan los intereses de los individuos humanos no deja de crecer, y cada vez más rápido. A pesar de que día a día es más fácil encontrarse con productos veganos de fácil acceso y reducido precio, el consumo de carne y otros derivados de origen animal no deja de intensificarse como resultado del aumento de nivel de vida de países emergentes y del abaratamiento de la carne y otros productos de origen animal. Dejando a un lado el hecho de cómo influyen las subvenciones gubernamentales a esto, los datos indican una clara tendencia que no se puede rebatir.

La FAO, la organización responsable del área de agricultura para la ONU, emitió un informe en el año 2011 donde se estimaba que en los próximos 35 años el consumo de carne va a aumentar un 70%. Otras fuentes más recientes apuntan a que se doblará. El uso de pieles parece que comienza a repuntar tras unos años de descenso. La idea está clara: Tras más de 40 años de movimiento animalista no sólo no parece haber una tendencia de mejora, sino que la cosa sigue empeorando.

Es importante reflexionar un momento, pues los datos que arroja la realidad son aplastantes. ¿Qué estamos haciendo mal? Día a día, la cantidad de dinero destinado a las grandes campañas contra la tauromaquia, contra el abandono, contra el uso de pieles, los lácteos, la carne… no deja de aumentar. El número de activistas sigue en aumento. La sociedad en general parece cada vez más receptiva. Entiendo que muchxs de nosotrxs estemos perplejxs ante la aparente contradicción. ¿En qué estamos fallando?

No es fácil hacer un análisis claro y nadie tiene el diagnóstico perfecto. Pero hay algo de fondo que debemos recordar y que parece que hemos olvidado por completo. Quizás la culpa de todo esto no la tenga la sociedad, el sistema, el capitalismo o esa gente tan mala que come animales. Es posible que la culpa la tengamos nosotrxs mismxs, lxs activistas.

Para cambiar la tendencia tenemos que recordar lo que parece que hemos olvidado. Debemos ir al origen, al por qué estamos aquí. La respuesta no es otra que los animales no humanos. Lo importante no es lo bien o lo mal que le vaya la organización animalista a la que decidimos apoyar y donar nuestro dinero. No importa lo bien que le sienta a nuestra conciencia. Tampoco que el resto nos tache de extremistas o no. Es irrelevante que los medios manipulen. También lo es la cantidad de amigxs que tenemos.

Recordemos que la clave de un buen discurso efectivo está en los pequeños detalles, aquello que no queremos decir pero que implícitamente está ahi. De nada servirá todo lo que hacemos si el mensaje no es lo suficientemente claro. Para ello, a veces es importante desembarazarnos de la corrección política. Es clave poner especial cuidado a lo que decimos cuando tratamos de difundir el veganismo y en términos más generales, el antiespecismo. Porque a veces, para hacer nuestro discurso más aceptable para la sociedad en general sacrificamos el núcleo de lo que representa nuestra lucha.

Cuando se aplaude a alguien por adoptar el reducionismo (reducir la ingesta de productos de origen animal), cuando se dice que lo importante no es el veganismo sino sostener un estilo de vida más respetuoso con los animales, cuando se acepta que el hecho de pasar de una dieta omnívora a una vegana es un “tránsito”, un “camino” o peor, una “elección personal”, el mensaje que enviamos es el de que es moralmente aceptable seguir alimentándonos de víctimas inocentes mientras decidimos o no dejar de consumirlos totalmente. Al final, el precio de esa decisión “personal” o esa “transición”, no la pagaremos nosotrxs, ni tampoco la persona que la lleva a cabo, la pagarán los animales no humanos que seguirán siendo sacrificados a la espera de que esa persona decida o no adoptar el veganismo de forma definitiva.

Dejemos algo claro. Para el movimiento antiespecista, los activistas no somos los protagonistas. Nosotrxs no somos los que debemos estar bajo el foco de atención: Lo son los animales no humanos y su terrible realidad.

Si no conseguimos enviar un mensaje lo suficientemente claro de que lo único moralmente aceptable es el veganismo, seguirá habiendo personas que encuentren excusas para seguir consumiendo productos de origen animal. Siempre que tengamos la ocasión, debemos dejar claro que no existen modos más benévolos que otros de tratar a los animales como meros objetos.

Es cierto que abrazar el veganismo supone dejar atrás muchas cosas que están profundamente arraigadas y salir de tu zona de confort. Ser combativo contra el especismo supone generar una respuesta de rechazo que en ocasiones puede incluso ser hostil. Pero nadie dijo que fuese fácil, que fuese bonito, que fuese agradable. La decisión no es fácil. No es sencilla. Pero su dificultad no justifica las medias tintas.

Sin embargo, todo eso no nos puede convertir en inquisidores. Debemos ser absolutamente firmes con el mensaje que enviamos: Que el veganismo es el único camino moralmente aceptable, pero existen modos constructivos de contribuir al cambio. Aprovecha cada ocasión para difundir el antiespecismo y el veganismo. Lee, estudia y fórmate, estate preparadx para responder a cualquiera que te plantee dudas. Contribuye a invertir la tendencia, no a justificarla. Ellxs nos necesitan. No podemos fallarles.

David Gallego Amores

Licenciado en filosofía por la universidad de Salamanca y máster en Ética y Democracia por la Universidad de Valencia. Me especialicé en la consideración moral de los animales no humanos con un proyecto de Fin de Máster sobre los derechos de los animales y actualmente estoy en un doctorado para ahondar en el tema, con una tesis sobre la inclusión de los animales no humanos en la comunidad política internacional. Aparte de mi formación académica, soy vegano, desde hace varios años, maratonista y activista desde el 2011, colaborando con diversas protectoras de animales y asociaciones, así como dando charlas en distintos congresos a nivel nacional.

También me declaro abolicionista, y entiendo que el cambio debe ir desde la educación, y por tanto mi labor se centrará en acercar la cuestión de los animales a la Academia (con la tesis doctoral) y también en formar a presentes y futuros activistas que deseen defender a los animales no humanos de manera más efectiva, dándoles herramientas para abordar el activismo educacional y poder llegar mejor al público general.

By | 2017-01-02T12:11:56+00:00 Enero 2nd, 2017|Blog|2 Comments

2 Comments

  1. Mar Carreňo 12/01/2017 at 04:49 - Reply

    Muchas gracias David por tu escrito e ideas tan claras sobre quiénes son los verdaderos protagonistas, en este tema tan importante que es el antiespecismo, como indicas, tantas veces soterrado bajo conductas o discursos que se debaten entre la necesidad de convivencia con los no concienciados y la de ser coherentes con la ética y justicia que nos mueve. Gracias.

  2. Guillermo Carp. Peris 02/01/2017 at 22:36 - Reply

    Me temía un diagnóstico así. Es previsible.
    En cualquier caso,cada vida INOCENTE salvada es un universo en si mismo por el que vale la pena pelear.
    ¿Hay un motivo mejor para luchar?.
    La no sostenibilidad del sistema de explotación animal es nuestro mejor aliado,y la salud también.

    Y esos dos grandes motivos,unidos al principal,la ética,son los 3 acorazados que tenemos para esta guerra contra la vanidad humana.

    La tolerancia es intolerable,pero necesaria para sobrevivir entre el enemigo.
    Jugamos fuera,hasta que seamos mayoría.

    Y por estos motivos,me exaspera las pelotas cuando leo a auténticos ignorantes veganos,ilusos soplagaitas,fumados de la vida y teóricos emparrados (como los de la secta Filosofía vegana), los cuales no tienen ni puta idea de estrategia,y han dejado el sentido común en el cajón.

    Dejad el movimiento a quienes sepan algo de verdadera estrategia,psicología e inteligencia (no solo emocional).
    Y esto avanzará.
    Si lo dejáis en manos de quien no debéis,lo estrpearemos todo,y los animales lo pagarán con su vida.

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