-¿Cómo empezaste a trabajar en un matadero?
Con la crisis me quedé en paro, tenía un familiar que trabajaba en este matadero y me »enchufaron» cuando tenía 18 años, ahora tengo 25.
-¿Qué sensación moral tienes al terminar tu jornada de trabajo?
No es algo divertido, es un trabajo duro, he trabajado ahí por necesidad ya que no había mucho más donde elegir.
-¿No crees que desde los 18 años, has tenido tiempo de encontrar otro trabajo?
Sí, la verdad es que sí, pero no lo hice. Durante estos años he comenzado a empatizar más con los animales.
¿Cómo puedes empatizar con un animal al que vas a dar muerte?
Por lo que ves, por cómo se hace, por cómo les tratan, cuando entras a un matadero a trabajar, sabes a lo que vas, pero no sabes como lo hacen.
Cuando pasan los años y ves cosas, como por ejemplo, al poco tiempo de entrar a trabajar allí, entré en la sala de los corderos. Allí había un hombre que era musulmán, recuerdo que entraba siempre al cuarto dando patadas a corderos lechales. Ellos cuelgan a los corderos, cuando están suspendidos en el aire les atraviesan con un cuchillo.
¿Pero se les extermina sin más, o se emplea algún método de aturdimiento?
Se ha comenzado a hacer hace un año, durante todos los años en los que he estado allí no se ha hecho, hasta hace relativamente poco.
-¿Cuál es tu sección?
La sección de pesados, me encargo de pesarles y de meter las partidas que hay de cada animal en el ordenador. Pesamos medios cuerpos ya que les cortan por la mitad y les quitan la cabeza, las pezuñas, piel, etc.
-¿Has asesinado alguna vez a algún animal en tu trabajo?
Sí, el día que entré por primera vez me llevaron a la zona donde se les extermina, me dijeron que tenían que enseñarme, yo no quería hacerlo, pero lo hice.
¿Qué sentiste?
Es algo extraño, lo hice mal, entre la oreja y la mandíbula hay un hueco, por el que atraviesa el cuchillo, no lo hice bien y dejé al animal sufriendo.
Recuerdo una ocasión en la que salimos a nuestro descanso de 10 minutos para fumar. Uno de los encargados de matar a los corderos , se dejó colgado a un cordero , estaba vivo , rodeado de corderos muertos , estaba colgado por las patas, boca abajo, no dejaba de llorar, le caían lágrimas de los ojos, en ese momento supe que no podía aguantar ni un sólo día más en esa sección. Llegó el encargado y de una cuchillada terminó con su sufrimiento.
Ese mismo día me hicieron colgar varios corderos lechales por las patas, en fila, preparados para que les mataran, lloraban mucho y chillaban, eran como bebés humanos llorando.
Uno de ellos tenía especial miedo, estaba arrinconado, el resto tenía miedo también, pero él sabía de sobra lo que iba a ocurrir. Colgué a todos dejándole a él para el final, me daba tanta pena su mirada y su llanto que no podía colgarle, de hecho no lo hice, no pude y un compañero lo hizo por mí.
-¿Crees que alguno de tus compañeros disfruta quitando la vida a estos animales?
Sí, varios y disfrutan mucho, no sólo disfrutar, el trato es sumamente frío.
La mitad de mis compañeros se van de caza, o a corridas de toros. He visto cómo los han pegado y maltratado mientras se ríen. He visto también cómo en las secciones de separación del cuerpo del animal, compañeros míos disfrutaban arrancando la columna y los pulmones para mancharse de sangre todo lo que podían y hacer bromas sobre ello.